Aja

No es bueno creer que ya te entendieron cuando te dicen "ajá". Ya me pasó dos veces.


Una amiga se casa el 19 de este mes (próximo viernes). Cuando me lo dijo (hace como un mes), yo me la quise alburear y le dije "yo soy padrino de cojín, ¿sale?" (si no le entendieron, sigan leyendo). Ella, muy mona, sólo me dijo "ajá", y yo creí que sólo me había dado el avión al comentario.

Hace dos semanas, me habla ella y me dice:

Amiga: Oye, ¿todavía estás en lo dicho de la fiesta?

Yo: Claro, ya te dije que sí iba.

Amiga: ¿Y de los cojines?

Yo: ...?

Amiga: Síii, me dijiste que querías ser padrino de cojines, ¿no?

Yo (muerto de risa): Noooo, te dije que quería ser padrino de COJÍn.

Amiga (histérica): ¡¡Eres un NACOOOOO!!

Yo (todavía con risa): Pero no hay problema, ¿que tengo que comprar?

Yo no sabía que tal cosa podía apadrinarse. Vaya, ni siquiera que existiera. Resulta que los dichosos "cojines" son las almohaditas que usan los novios en la ceremonia en la iglesia para hincarse cuando deben hacerlo en el reclinatorio. Y ya.


Mira tu. Pues ahí va Toño a comprar los dichosos cojines a la "calle de las novias" (República de Chile, que en realidad es Isabel la Católica hacia el norte, pasando Donceles) en el centro, aprovechando la hora de comida y que no me queda tan lejos.


Hay de todo y para todas: Vestidos de noche, vestidos de coctel, vestidos de quinceañera, vestidos de novia, zapatillas, ramos, velos, diademas, cetros, arreglos, lazos, arras y por supuesto, cojines. Viril como soy, me metí a varios locales a preguntar por el precio y los modelos de los cojines y me veía (seguramente) bien... bueno, simpático entre tanta cosa de novias, pero ni modo, eso pasa por creer que "ajá" es una respuesta válida.


En un local con un señor muy amable, escogí unos bonitos (aperlados, sobrios pero con el detalle coqueto, como ella) y me regresé todavía riéndome de mi y de mi amiga.


...xXx...


Un mes después... yo sigo con los cojines. Que ella no los puede tener, porque el padrino soy yo y yo los tengo que llevar. Y tengo que llegar temprano a la iglesia para pasar con el padre y blablabla. Bueeeeeno, todo sea por que no se nos arrepienta en el altar.


Entonces, los cojines están en mi cuarto, y como no son exactamente pequeñitos, los tengo encima de la cama y cuando me voy a dormir los pongo en otro lado.


Cambiando de ideas, a Harumy le había prometido el DVD de la función que acabamos de tener hace poquito. No se lo había podido copiar pues había llegado tarde a casa y todo, pero justo el
lunes pasado estuvo listo para el envío.


Como no he visto un Estafeta por aquí, y en cambio hay uno muy cerca de la casa, le pedí a mi papá el martes por la mañana que me hiciera favor de mandar el DVD a la dirección que le dejaba escrita junto con el dinero, en mi cama. "Te dejo el DVD junto a los cojines", le dije. "Ajá", me respondió. Yo no sospeché nada raro y me fui a trabajar.


Cuando llegué en la noche, mi papá estaba hablando por teléfono y mi hermano en la computadora.
No vi los cojines en la cama, pero pensé que los habían movido de lugar, nada fuera de lo normal
ni nada para preocuparse. Pero entonces, mi hermano me pregunta:

Banda: Oye, ¿para qué le mandaste los cojines a Harumy?

Yo (con cara de 'no te pases'): ¿Los cojines?

Banda: Sí, eso me dijo mi papá. Ya los envió.

Me puse blanco. Me temblaron las piernas y estuve a punto de hacerme pipí, lo juro. Controlé el impulso y me fui a -en honor a la verdad- gritarle a mi papá que por qué había mandado los cojines.


El me puso cara de "¿por qué grita este güey?", colgó con parsimonia el teléfono (hasta besos mandó) y pasó lo siguente:

Yo (a punto de histeria): ¿QUÉ LE HICISTE AL DVD, ANTONIO?

Él (con cara de 'no entiendo'): Ya lo ví. Está padre, pero ahora bailaron menos, ¿no?

Yo (peor de histérico): ¿POR QUÉ MANDASTE LOS COJINES?

Él (ligeramente preocupado): Pues es que eso me encargaste, ¿no? ¿No es para tu amiga la que se casa? Hasta cajota de cartón les compré y todo, por que se podrían maltratar en el viaje.

Yo (haciendo lo posible por tranquilizarme): Sí, pero mi amiga la que se casa vive en Copilco, no en Ensenada. El DVD era para Harumy, yo tengo el original en mi cuarto.

Él (rooojo de pena): ¿En serioo? Híjole, pues... eeeh... uy.


Al final todos nos acabamos riendo (lo peor que podíamos hacer en una situación como éstas, es perder la cabeza), a mi papá se le fue la pena y a mí el coraje, y Harumy se estaba carcajeando cuando le marqué por teléfono para contarle.


Pensamos rápido: al día siguiente mi papá iría a mandar el DVD (importante) y pedir que detuvieran el envío de los cojines (imprescindible). El peor escenario es que tengamos que comprar otros cojines y a Harumy le llegara la mitad de su ajuar de novia por Estafeta.

Hasta ayer, se había enviado la orden al depósito de contenedores para detener el envío y si bien nos va, recogerlos el martes. Si no, pues.. supongo que Harus tendrá nuevos cojines para su cuarto.


Seguiremos informando.

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Oyendo: The Maccabees - Toothpaste Kisses

17/02/08: Los cojines llegaron a Ensenada y los recibió Harumy. En este momento me los está regresando via Estafeta extraurgente.

18/12/08: Los cojines llegaron hoy, hace unos 20 minutos, después de ir en un viaje relámpago a Ensenada. No habrá necesidad de comprar nuevos cojines y, con toda seguridad, usarlos mañana en la boda les augurará a los novios muchos, MUCHOS viajes.



Día japonés

Parte 1: Curry Party

Un amigo con el que estudio japonés puso su casa para que varios de sus compañeros de clase y otros amigos con los que se junta fuéramos a aprender a cocinar Arroz con Curry de la mano de uno de sus amigos. Básicamente, él ponía la casa, Daigo (el amigo) ponía el conocimiento y nosotros todo lo demás (ingredientes, chelas y hambre).

Así se hizo. Para no faltar a mi costumbre, llegué temprano a la cita (2:30). Contrario a la suya, David (mi amigo) iba retrasado pues había acompañado a los de su clase de japonés (Daigo incluido) a comprar todo lo necesario. Yo me creí lo de "Ya casi vamos para allá" y me subí a su cuarto a esperar a que llegaran.

Mejor llegaron otros amigos (Óscar y Lalo) que David y compañía. Para este punto yo ya me estaba durmiendo y todavía (por lo que parecía) ellos tardarían mucho más en llegar. Al final, cerca de las 4, llegaron David, Daigo, más amigos y los ingredientes... pero faltaban dos personas que necesitábamos ir a recoger a unas cuadras de casa de David. Fuimos todos, regresamos todos y, ahora sí, la mayor parte de los convocados nos dispusimos a cortar vegetales y pollo para hacer el curry bajo las órdenes de Daigo. El arroz es bastante fácil, aquí les va la receta:

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Gohan (arroz a la japonesa)

Ingredientes y utensilios:

  • Una bolsa de arroz California (consíguelo en las tiendas de comida japonesa. En el DF está Kokeshi Market o el Súper Oriental)
  • Agua (la suficiente)
  • Olla express
Preparación:
Calcúlale al arroz que necesitas... es decir, para muchos. Lávalo bien varias veces hasta que el agua esté lo suficientemente clara y échalo a la olla express. A la olla vacíale agua hasta que ésta sobrepase el arroz aproximadamente el tamaño de la primer falange de un dedo, cierra bien la olla y ponla a fuego alto. Cuando empiece a silbar, baja a fuego lento por cinco minutos y retira. Para saber si el arroz quedó bien hecho (no frito, no batido, no seco) deben verse los granos "paraditos", es decir, alineados, y debe haber un ligero olor como a agua almidonada.
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Mientras el arroz se hacía, una chica y yo cortábamos en cuadritos las zanahorias que alguien más pelaba, otros pelaban papas y cebollas, alguien lavaba las calabacitas y los hongos, Daigo y avid (creo) estaban haciendo una ensalada y todos escuchábamos (como debe ser) música en aponés mientras las chelas se acababan rápidamente.

Una vez que los vegetales estuvieron cortados también cortamos pollo en trozos grandes para que se asaran y acompañaran al plato.

El curry (del que no nos dieron receta) es básicamente una sopa de verduras a la que se le adiciona el, uh, curry en pasta hecha cuadritos (onda Cuadritos de Knorr, se consiguen en Superama), pero el asunto es que debe quedar espeso, por lo cual deben agregarse varios cuadritos de la pasta moviendo la mezcla y esperando a que se reduzca el agua para saber cuándo ha quedado en su punto. En ésos cálculos estábamos cuando Daigo se dió cuenta que compró dos paquetes de Curry en pasta y uno de curry con vegetales deshidratado... que no serviría. Y el agua se estaba reduciendo. Pensando rápidamente, David y yo nos ofrecimos a ir a comprarlo en mi coche, pero como no sabíamos cuál serviría (y para evitar volverla a regar) nos acompañó Edson, un chico al que no conocíamos pero en el coche le sacamos toda la sopa.

Llegamos a Superama y después de buscarle un ratito, apareció el pasillo de Comida japonesa. El siguiente punto en la agenda fue decidir si comprar los paquetes "mild" (osea, que no pican) o "hot" (que sí pican). A mí me preocupaba comprarlos Hot por que de verdad tenía ganas de comerlo (y mucha hambre, a las 4:45 de la tarde) y si estaba muy picante tendría que dejarlo. Al final se compraron cuatro paquetitos (dos y dos) por lo que no debería tener problema para comérmelo con mucho mucho refresco.

En las prisas por irnos (el agua del curry seguía consumiéndose y dejamos a 12 chicos en casa del anfitrión que estaba con nosotros), le dejamos los paquetes a Edson, David y yo nos subimos como rayo al coche y nos arrancamos... dejando a Edson fuera. Nos tocó en una ventana y sólo así nos dimos cuenta que dejábamos a Edson (y los paquetes de curry) por ir a las prisas.

Edson se subió, llegamos a la casa y la cocina, afortunadamente, seguía de pie. Le echamos el curry (un paquete y un paquete) y Daigo le siguió moviendo hasta que estuvo lo suficientemente espeso para poder servirlo, o nuestra hambre nos dijo que era el momento indicado.

Pasamos todos en hilerita con nuestro plato para que nos pusieran arroz, curry y pollo y el resultado se veía (y olía) lo bastante bien como para tomarle una foto. Yo pedí salsa de soya, le eché con alegría, me serví mi vasote de refresco (por si las moscas) y le dí el primer cucharazo. Con calma y con precaución, a las 5 y media de la tarde, lo olí (olía condimentado), lo vi, le soplé y... chomp.

¿Cuál picoso? Caliente si, pero picoso no, nada. ¡Estaba buenísimo! Y sobró lo suficiente como para que todos nos sirviéramos la segunda ronda (incluido un chico que llegó justo cuando estábamos sirviéndonos) y alguien incluso se llevó itacate. Todavía había chelas pero no por mucho, y la música en japonés seguía oyéndose por ahí perdida en el mar de gritos que traíamos.

Pero como nada en esta vida es gratis, llegó la parte fea del show: Hacer cuentas de la parte correspondiente a cada quién. Hubo quien se negó a pagar, habíamos los que no traíamos tanto dinero (digo, no fue mucho pero igual no traía nada) y hubo quien le hizo al prestamista; el chiste es que a jalones y estirones se juntó el dinero y todos quedamos muy satisfechos (al menos de la panza).

Llegó otro amigo de David mientras la mayor parte de los que habían comido se despedían. Sin embargo, los ocho que quedábamos teníamos otro plan adicional: una incursión hacia los bajos mundos del Karaoke.


--xXx--

Parte 2: Karaoke night

Y cuando digo "Los bajos mundos del Karaoke" lo digo en serio: Por cómo está, llegamos a la fumada conclusión de que el karaoke al que vamos (coreano, por cierto) es para lavar dinero. La mini entradita al edificio donde está el karaoke está por la calle de Londres en la Zona Rosa y no está ni siquiera anunciado. En el piso uno del edificio está la cocina del restaurante que está en la planta baja. En el piso dos, una estética coreana y un café internet, y en el piso tres, los tres cuartitos forrados de madera que componen el karaoke.

Pero que sea casi clandestino no significa que sea malo: Tienen canciones en coreano, japonés e inglés desde clásicos contemporáneos (osea, Ochentas) hasta algunas de hace seis meses (que es muy reciente para venir del otro lado del mundo).

Los cuartitos son como en las caricaturas: Son lo bastante espaciosos para que quepan 10 o 12 personas cómodamente, hay dos sillones grandes en esquina, una mesita de centro donde está el control para indicar la canción que quieres, dos carpetotas con todas las canciones y varios panderos curiosísimos que se prenden al golpearlos. Además, dos pantallotas que muestran la letra de la canción, dos micrófonos y la posibilidad de poner la ambientación con una lámpara de colores que da vueltas como de discoteca.

Regresemos al relato. Traíamos tres coches: El de Andrés (el último amigo que llegó), el de Óscar y el mío. David y Andrés se fueron juntos, Óscar y el resto de la banda en otro, y yo en el mío. Llegaron primero David y Andrés y como a los diez minutos llegué yo.

Pedimos un refresco y una chela (Eso sí, no puedes meter nada pues ahí lo venden) y en lo que revisábamos las canciones llegaron los demás, que habían ido hasta el Sanborns del Ángel a sacar dinero (cuando hay un Sanborns sobre la misma calle del karaoke). Les explicamos más o menos el funcionamiento del asunto (tecleas el código de la canción para registrarla en la cola -queue- de las canciones, cantas y te califican) y ora sí, a sacar a relucir al Farinelli escondido en todos nosotros.

A la hora, más o menos, llegaron otros dos amigos de David que, junto con él, Andrés y yo, pusimos el definitivo toque gay que necesitaba la noche de sábado en plena Zona Rosa. Por alguna razón extraña, de repente el karaoke se dividió en dos: El equipo japonés/gay y el equipo metalero, y nos dedicamos toda la noche a escoger canciones que concordaban con el perfil.

La lista de canciones (en nigún orden particular) contuvo lo siguiente:

  • Genie in a bottle - Christina Aguilera
  • Doncha - Pussycat dolls
  • Girls girls girls - Mötley Crüe
  • Music hour - Porno Graffitti
  • Colors - Utada Hikaru
  • Popstar - Hirai Ken
  • Mr. Crowley - Black Sabbath
  • Emerald sword - Rhapsody
  • Keep tryin - Utada Hikaru
  • Vanilla - Gackt
  • Gimme gimme gimme! - Abba
  • Cowboys from hell - Pantera
  • Back in black - AC/DC
  • Children of the sea - Heaven and hell
  • Hikari - Utada Hikaru
  • It's raining men - The weather girls
  • Time is running out - Muse
  • Wonderwall - Oasis
  • Sakura sake - Arashi
  • Highway star - Deep purple
  • Cum on feel the noize - Quiet riot
Las dos horas que pasamos ahí se fueron de volada y nos divertimos mucho cantando-gritando. Eran las 11 de la noche, y David, Andrés y los recién llegados se estaban poniendo de acuerdo para el antro, pero como yo tenía cosas que hacer el domingo en la mañana me fuí a mi casa y de paso le dí aventón a unos amigos; ellos sí se fueron, pero según supe se salieron temprano. Yo todavía iba tarareando lo que cantamos en el coche de regreso.

Y así pasó todo un sábado japonés, todavía con la panza llena y con la promesa de volver al karaoke en algún momento cercano.


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Oyendo: Hirai Ken - Merry go round highway



Autocomplacencia

Hace dos semanas los de danza hicimos una buena acción.

Resulta que hubo un ensayo general para una función en la que sólo íbamos a bailar un danzón hasta el final. El ensayo empezó tarde, las maestras estaban fastidiadas por el retraso y teníamos dos horas y media por delante, así que, mejor, cinco de nosotros fuimos por un café en lo que nos tocaba ensayar.

Fuimos por el café al Jarocho y regresamos. De regreso, nos topamos con una chica que nos hacia señas y nos enseñaba su celular. La pobre se veía desesperada y pronto entendimos por qué: No podía oír. El celular tenía sólo escrito "Metro Zapata".

Como pudimos, le preguntamos qué necesitaba y ella nos dijo (como pudo también) que necesitaba llegar al metro Zapata. Unos a señas, otros gritando y yo con el celular para escribirle por qué manoteábamos todos tratamos de decirle que justo donde estábamos parados (Miguel Ángel de Quevedo y Pacífico) pasaba un camión que la dejaba ahí. Claro, no la íbamos a dejar sola y mientras pasaba el camión tratamos de hacerle la vida un poco más amena diciéndole-gesticulándole que nosotros bailábamos y que una de las chicas que iba con nosotros bailaba feo, para que al menos se riera un ratito. La escena, supongo, debió haber sido de lo más graciosa: Cinco tipos vestidos de negro gesticulando alrededor de una chica que se reía con lo que hacíamos, como un "caras y gestos" en plena calle.

Al final, llegó el camión y uno de nosotros se subió a decirle al chofer que ella no oía y que si nos podía hacer favor de bajarla en el metro, y además pagó el pasaje. Ella nos dió unas muy entusiastas gracias mientras el camión avanzaba y nosotros nos quedamos satisfechos de lo que habíamos hecho.

¿Cuánta gente no se habría desesperado o, simplemente, pasado de largo? ¿Cuánto tiempo ella llevaba ahí esperando alguna ayuda? Ojalá no mucho y ojalá también que haya llegado a su destino sin muchas otras complicaciones. Se oirá autocomplaciente (y lo es), pero de verdad agradecí que nosotros hayamos podido ayudarla y que todavía exista gente dispuesta a hacerlo.

Regresamos al ensayo a aguantar el tiempo que faltaba con caras largas de hastío, pero al menos felices por haber podido ser de ayuda y (yo al menos) por poder escuchar los gritos de las maestras mientras regañaban a las chicas que bailaban mal.

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Oyendo: Remioromen - Satsukiame



La curiosidad no mató al gato

Me pasa una cosa harto curiosa: Si deseo conocer un sitio con la suficiente fuerza (o curiosidad), tarde o temprano y de la manera más inverosímil, lo termino conociendo.

Puede ser cualquier lugar: Un café, una unidad habitacional, un estacionamiento, una heladería, un parque, una escuela... lo que sea. Pero sólo cuando en realidad el interés es demasiado, si no no funciona.

Y en realidad, funciona de una manera que me soprende, pues de las situaciones que menos espero surgen las oportunidades que me dejan conocer lugares que me intrigan.

Tomemos un ejemplo. Habia un edificio de muchos espejos y toldos que no concordaba con nada en el entorno: no tenía pinta de edificio habitacional, pero para ser una oficina estaba ciertamente muy rara, además de colocada en un lugar extraño: A un lado del metro, sobre Tlalpan. Pues bien, ahí fue mi primera entrevista de trabajo después de salir de la escuela, y después se convertiría en mi oficina durante dos años.

¿Queremos más? Siempre quise conocer el famosísimo (y aparentemente muy lejano) Laboratorio de Telmex en el que mi papá había trabajado durante años antes de cambiarse por el Hospital Ángeles, hasta que tuve que ir hasta allá a recoger unos circuitos integrados para un trabajo de la escuela que unos excompañeros de él le consiguieron, y comprobé que en realidad si es muy lejos.

¿Otro? Quería conocer la escuela de Amalia Hernández (sí sí, la del Ballet Folklórico) pero, obviamente, no hay tours para conocerla por dentro. ¿Cómo la conocí? Un maestro de ahí, mientras yo bailaba en Tlapitzcatzin, nos dejó entrar a ver la función de medio año, y además nosotros dimos otra función un día después, así que no sólo conocí el edificio por dentro, sino hasta por detrás del escenario anduve.

Uno más relacionado con danza: Centro Bancomer. Y sí, también ahí dimos una función, donde para entrar tuvimos que rodear el edificio, entrar por el frente y subir al piso 4, que está abierto y se ven los demás pisos hacia abajo, por lo que descubrimos el jardín, las oficinas, los elevadores, el comedor y hasta los baños.

¿Uno sin que la danza esté relacionada? Guadalajara, a donde me llevaron a los dos días de haber entrado al primer proyecto en el que estuve en mi anterior empresa y donde no sólo estuve trabajando, si no que además nos pasearon (recordarán la crónica detallada que ya publiqué).

El más reciente es un edificio llamado Mexico Mart, en el centro, a donde acompañé a un amigo a que su maestro le revisara la tesis, en el piso 16 (que a la sazón es el Fideicomiso del Centro Histórico).

¿Mucha coincidencia? ¿Un poderoso poder de atracción derivado de un exceso de curiosidad? Usted decida. Pero mientras, podemos imaginarnos cómo conoceré los siguientes lugares que me siguen intrigando enormemente:

  • Una cabina de cine
  • Monterrey
  • La central del Metro
  • Las instalaciones del IMER (Instituto Mexicano de la Radio)
  • Palacio Nacional (desde luego, no sólo la parte turística)
  • Un convento (sí, con monjitas dentro)
  • La cocina de un restaurante cinco estrellas
  • Paquimé (unas ruinas en Casas Grandes, Chihuahua)
  • Japón
  • Un estudio de grabación musical
  • Un set de grabación de cine/televisión (o una locación)

¿A ustedes nunca les ha pasado algo por el estilo? Coméntenlo para que el mundo se entere.


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Oyendo: Grupo Nahucalli - El gusto guerrerense



Nuevecito de paquete

Este post es raro hasta en el título. Usualmente es lo último que escribo (me enseñaron que el título le da sentido a todo el texto y por ende debía uno de escribirlo hasta el final para pensarlo mejor) pero fue lo primero que me vino a la mente luego luego de que me dieron ganas / me acordé de escribir acá de nuevo.

Veamos: Ya no tengo trabajo. No donde trabajaba, al menos: Renuncié la semana pasada después de un año de presión excesiva, dos recaídas de colitis (la última en double pack con gastritis), tres meses de ensayos interrumpidos, 461 compromisos cancelados y como 34,238 buenos consejos de mis amigos y familiares que no tomé por purititito orgullo, por no dejar que un proyecto que condena a sus integrantes a la locura me ganara. Aprendí mucho en la empresa, hice buenos amigos y supe cómo es la vida fuera de la escuela, pero por salud (antes mental que física) tenía que salir de ahí. El miércoles empezaré en una filial de Telmex haciendo lo mismo que hacía acá quizá con menos prestaciones, pero con un horario fijo, por más dinero y con la ventaja de poder ir a los ensayos con seguridad. Ya hasta estoy planeando qué hacer con tanto tiempo libre. Para empezar, admirar que salí de trabajar y todavía hay luz del sol.

Y aún así, me muero de los nervios. A mí siempre me ha causado un miedo severo el concepto de "cambio" (de escuela, de grado, de proyecto de trabajo, de rutina) y me estresa a tal grado que me pongo de malas. Y todo por una razón principal: El pavor a fallar. Fallarle a los demás, pero antes que nada, fallarme a mí mismo. Acá un amigo me recomendó para la vacante y dos entrevistas (y un chico que no se presentó) después estoy por empezar una nueva vida laboral pero ¿y si no soy lo suficientemente bueno para lo que esperan (espero) de mi? ¿si éste amigo se equivocó y no nada más no soy bueno, sino puedo hasta manchar su buen juicio? No quiero pensar esas cosas y sin embargo tampoco dejo de pensarlas.

En mi familia la dinámica está cambiando. No me pregunten cómo, no puedo explicarlo, pero lo siento. No es para mal tampoco (los tres estamos, si se me permite el comentario, mejor que nunca) pero ahí está el maldito cambio atormentándome de nuevo. Creo que aplica bien para mí el "más vale malo por conocido".

Hay otro cambio en mí que me da miedo y no: Estoy disfrutando mi soltería de manera impresionante. De vez en cuando me siento solito y ya en alguna ocasión me dió el bajón al descubrirme el amigo que siempre va solo a las reuniones (cuando todo mundo se está arrejuntando o de a tiro casando), pero fuera de eso la libertad de ser y actuar me tienen maravillado. Voy si quiero, si no me quedo, no hablo por cumplir un esquema, no hay salidas obligadas, estoy hasta cuando quiero y hasta donde quiero... y no necesito a nadie para estar feliz...

...que es justo lo que Carlos no entiende. Estamos, ahora, justo igual de como estábamos hace unos cuatro años: Uno definiéndose completamente a través del otro, y el otro no teniendo la menor intención de ser definido por nadie más que sí mismo. Sólo que ahora el independiente soy yo, y él (pobre) muriéndose por sentirse seguro.

Y entre toda ésta vorágine de cambios (maldita palabra), yo. Yo y nadie más para decirme que todo mi miedo, TODO, es producto de una gran chaqueta mental (no es que lo necesite... ya lo sé), aunque sería deseable.

Nuevecito de paquete, pues, porque tanta cosa diferente en mi vida me hace pensar que estoy en una etapa nueva que creo que disfrutaré ampliamente una vez que me haya terminado de hacer pipí de los nervios... y que haya salido de la depre.

¡Oh sí, estoy deprimido! ¡Ahora tienen sentido los dolores de cabeza, el sueño excesivo y los 6 tarjetazos de ayer! Lo descubrí hace dos horas cuando no tenía sueño, estaba oyendo una canción de desamor de DLD y estaba llorando. Así, llorando, me doy cuenta que estoy bajoneado, pero también eso significa que no puedo ir más abajo y ya sólo me resta esperar subir.

Deseenme suerte, y denme un zape. Ambas, junto con un abrazo, los estaré necesitando mucho éstos días en lo que el cambio se hace rutina y deja de ser nuevo, inexplorado y atemorizante y lo voy conociendo, franqueando, y dominando.


Por que nada puedes hacer por mí
Ya no puedo sentir calor
Necesito dejarlo ir
Y hoy estoy estoy... pidiéndolo.

Hoy estoy de regreso al cielo
Tras de mil infiernos
Voy sintiéndolo.

Hoy perdí toda mi conciencia
Desarmando el alma
Pude ver quién soy.

(DLD - Ventura)


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Oyendo: Adivinen (¡Sí! DLD - Ventura)



¡S! ¡Es una actualización!

Lo siento en verdad.

He tenido muchísimo trabajo y con tantas cosas por hacer, uno no tiene tiempo (o inspiración) para contar el diario acontecer.

Pero va un resumen:

 ___

Fui a la Feria del Caballo con los chicos de la oficina. Fue una aventura completa desde el traslado: veníamos en mi coche siguiendo al de un amigo, y de repente, quien sabe cómo, veníamos siguiendo a un coche IGUALITO que el de él, pero que dio vuelta donde no tenía que darla y, por supuesto, nosotros atrás de él haciéndole señas raras para que nos pelara, hasta que hablamos por teléfono y nos dijo que estábamos perdidos.

El tráfico para llegar es impresionante: todo mundo quiere ir a Texcoco a la Feria, pero un chico de los que trabaja con nosotros vive por allá (sí, vive en Texcoco y trabaja en Calzada de Tlalpan) y amablemente ofreció su casa para estacionar los coches, ya que de donde vive a la Feria se hacían "15 minutos".
Caminamos como una hora. Resulta que sí, vive a 15 minutos de la Feria, pero de la parte de atrás, donde hay una entrada que éste año tuvieron a bien cerrarla, así que tuvimos que caminar hasta la puerta en la parte de enfrente. Con decirles que hasta nos recogió una micro vacía y nos aventó en la entrada.

Ya ahí, se dejó ver la magnificencia: Hebillotas, botas de piel, chamarras de cuero, esclavotas (osea, las de las muñecas), cadenotas y claro, todos estrictamente de sombrero. Que no se note la pobreza.
Desde luego, también íbamos los curiosos y los que van de tenis y playera, pero de verdad se notaba que ahí adentro el dinero corre y corre fuerte.

Entramos. La entrada sorpresivamente es muy barata (20 pesos) pero la cosa es consumir, y consumir a lo bestia: Hay restaurantes, puestos de sombreros y ropa, antros, puestos de dulces, los de recuerditos, los de juegos... todo lo que usted se pueda imaginar, ahí estaba, perdido en la inmensidad de la gente y el alcohol que corrían ambos con singular alegría.

Cenamos, bailamos, tomamos, reímos, se subieron al toro mecánico, nos tomamos fotos y hasta descubrimos el rincón gay de la feria (un pequeño antrillo que ponía puro electrónico). Y de repente, se paró la música: "Gracias por venir, los esperamos mañana" ¿Pues qué horas son? ¡Madre mía, las 4 am!

Y de regreso a los coches, caminando. La salida también es un show, pues todos los que no se quieren (queremos) ir estaban afuera bailando con las bandas y los tríos norteños, ya haciendo desfiguros. Ésta vez nos fuimos caminando por el otro lado, y llegamos en media hora cansados, polvorientos, renuentes, pero bien divertidos y bien bailados.

Yo llegué a mi casa a las 7 de la mañana, a dormir dos horas para irme al ensayo.


 __xXx__


Fuimos de Semana Santa a Morelia, mi papá a ver a la familia que tiene allá, Arturo y yo a conocerla. Y también a recordar Morelia: Hacía mucho que no íbamos.
La otrora Valladolid creció enormemente desde que fui: La central camionera, que estaba cerca del mercado donde se compran las artesanías y los recuerditos, ya cambió a las afueras de la ciudad, y todo el primer cuadro, incluyendo la Catedral y unas 5 cuadras a la redonda, fue librada por completo de ambulantes y de noche (y de día, y a todas horas) es una maravilla pasear por ahí.

Conocía a mi primo Ulises desde que fue un fin de semana a la casa para hacer unas cosas en el DF (Filmar un corto, en realidad) pero allá conocí a toda su familia. Bueno, a "verla de nuevo" porque ellos SI nos recordaban a Arturo y a mí (juro que yo no recuerdo nada nada), incluyendo a mi primo César que dicen (ustedes juzguen) que se parece a mí. Y si así estoy, pues híjole... creo que me gusté mucho.
En general, podemos decir que todos (porque son muchos) son a todo dar y que pudimos convivir bastantito: como fuimos justo en Semana Santa y allá no trabajó casi nadie, tuvimos muchas oportunidades de platicar y estar con ellos. Hasta una comida nos organizaron, y fueron todos. Dios, la familia de mi papá SI es grande. Y a diferencia de los de Coacalco, éstos son muy alivianados y a los dos días nos tratábamos como si tuviéramos años de vernos todos los fines. Además de lo que Arturo, mi papá y yo salimos y fuimos a conocer, ellos nos llevaron a cenar aquí (El jardín de las rosas es una maravilla), a desayunar allá (El Mesón de los Agustinos tiene un chocolate...) y al barcito con concepto (Balcones del Ángel, justo atrás de la catedral en segundo piso, con una vista espectacular y unos cocteles de miedo). En verdad la pasamos muy bien.
He de reconocer que yo soy medio antisocial en éstos casos, y que me cohibe tratar a gente que apenas conozco como mis brothers, pero con ellos es refácil. De verdad quiero ir de nuevo allá porque me la pasé de pelos con ellos y en una ciudad tranquila y bonita. Quizá las próximas vacaciones convenza a mi papá de ir de nuevo.

Ah, también me encontré a mi jefe de frente en Morelia. Pero de eso no hablemos.


 __xXx__


Mi prima Joss anunció que se casaba con su novio el francés. Y mientras ella se ponía fajas de yeso, cremas reductivas, zapatos blancos (que ella muy monamente llamaba "tenis de novia") y la liga obligada, la familia de Alex (el novio) vino a México para la boda y, aprovechando, para conocer el país. Y lo primero que se topa es con una familia mexicanota-muégano-pachanguera que les organizó una bisteciza para que nos conociéramos todos. No importa que los franceses no supieran español y los mexicanos no supieran francés (salvo los novios, claro), el chiste era reunir a las familias para echar la casa por la ventana, para variar, un domingo antes de la boda.

Pero, siempre serviciales, llegamos mi papá, mi hermano y yo a hacerla de traductores/decoradores/organizadores. Se le organizó el pastel al novio (era su cumpleaños), se les atendió a los franceses con cortesía y sonrisas, y hasta mi prima y yo bailamos una Bamba y un Sinaloense. Y los franceses, encantados: para ellos las fiestas sólo son entre gente joven y cada quien baila por su lado; ver niños y gente adulta bailando de pareja en la misma fiesta los tenía maravillados.

Entre ellos, la hermana del novio, Elody, sobresalía: Una güerota espigadita de 1.80, ojos verdes y nariz respingada llamaba la atención a donde fuera, y además sabía inglés y tenía ganas de hablar español, lo que le daba un toque todavía mejor. Vinieron, además, la mamá del novio, el esposo de la mamá del novio y hasta la abuelita, que creo que de los cuatro era la más entusiasmada y la más aventada a bailar, a platicar, a convivir, a integrarse con la familia, a sacar el máximo del viaje.
Como nos enteramos que ellos comen con vino tinto, al momento de comprar mi papá y yo los vinos para la boda (porque fuimos padrinos) les queríamos comprar uno padre. Mi papá, bien ducho, les quería comprar uno alemán. ¡Viniendo desde Europa a tomar vino alemán! Es como si nosotros fuéramos allá y nos dieran Tequila. Acabé por convencer a mi papá de comprarles un vino tinto chileno, para que supieran las cosas que se hacen de éste lado del charco. No saben, el tinto chileno fue el éxito absoluto, ya no sabían cómo agradecer, aunque no se pusieron muy difíciles cuando les regalamos otras dos botellas para que se las llevaran a Francia (o para el camino, lo que suceda primero).

La boda estuvo padre. Desde luego, ni el novio ni la familia sabían qué se hace en las bodas en México (La víbora de la mar, las copas, el muerto...) y estaban fascinados. Pero lo mejor fueron los mariachis: No sé si ya habían oído mariachis o no, pero en verdad se quedaron boquiabiertos cuando llegaron varios monos vestidos de charro cantando, y a los que les gritábamos las canciones que queríamos oír.

Mi prima y su esposo (qué raro se oye eso) se van a ir a vivir a Francia en unos meses, pero mientras me quedo con la imagen de la boda y de ella y su mamá chille y chille del gusto de ver a franceses y mexicanos chupando tranquilos celebrando todos juntos.


 __xXx__


Bailé en el DID. Bueno, bailé en el festival que se organiza para el DID, porque no fue en el mero día éste año por alguna razón misteriosa. Para variar, las maestras estaban locas y ahora estaban más histéricas porque nos dieron sólo 10 minutos para bailar, de modo que tuvimos que bailar de nuevo la Danza de Diablos, de Guerrero: Una danza que se baila todos vestidos de negro, dura como 8 minutos, y que fue a plenas 12 del día al rayo del sol... estuvo padre, pero fue muy agotador.

Pero éso no fue lo más padre del domingo. Ése mismo día vi a algunos de mis amigos de la escuela, ya que una de ellas fue a verme bailar y en lugar de ir al cine decidimos irnos por un café e invitamos a todos los que se dejaron: Uno por la gripa y otra por la hija se cortaron, pero nos vimos tres amigos y yo, dos con pareja, mi amiga Lina soltera y yo, igual.

Ahí me di cuenta que el anuncio de Pepsi Retro (ése de "Sabe a cuando tus cuates estaban solteros") me queda perfecto. Bueno, podemos agregarle: "Sabe a cuando tus cuates estaban solteros, no tenían planes de boda o no tenían hijos" porque ésa es la verdad de las cosas, todos están haciendo planes a futuro, o ya tienen algo o alguien por quién fregarle los próximos 30 años. Quién los viera cuando estábamos en la universidad: en fiestas, borracheras, jugando Gamecube, jugando dominó en la cafetería, rogándole al maestro que nos dejara entrar al salón y en general, pasándola lo mejor posible. Bueno, seguimos yendo a fiestas y jugando videojuegos, pero ahora junto con el/la significant other y yéndonos a casa temprano porque mañana trabajamos y la semana va a estar de locos.

No se cómo sentirme al respecto, en realidad. Claro, me da gusto verlos con sus carototototas de felicidad y sus planes y sus besos y todo, pero siento que del grupito unido que éramos, como que nos estamos dispersando. No es culpa de los respectivos, desde luego, pero... no sé. Nos hablamos menos, nos vemos mucho menos y ahora que se casen los que vayan a hacerlo, me gustaría pensar que no, pero seguro todavía será menor. Veo la foto de graduación (donde estamos la mayor parte de la bolita) y me gustaría no haber crecido, y quedarme de universitario siempre.

Bueno, siempre queda el consuelo de saber que no trabajamos tan distantes uno del otro (y creo que yo estoy en medio de todos).

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Pues así las cosas: ésto fue un resumen pequeñísimo de los últimos meses. Lo sé, no es la gran cosa, pero de eso a nada, creo que es un gran avance.
En verdad, no tengo mucho tiempo como para escribir seguido, pero no quiero dejar el blog, así que quizá las actualizaciones sean más espaciadas, pero serán sustanciosas. Ustedes confíen.

Mientras, pueden COMENTAR, que bastante falta le hace al blog.


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Oyendo: FinalFantasy VIII - Man with the machine gun (Laguna's battle theme)



Fin de semana de puente

-Viernes-

Para empezar bien mi fin de semana largo (el del puente del 5 de febrero), había quedado con Carlos (mi ex) y Sharon (amiga de Carlos) de ver una película en mi casa cuando Sharon saliera de trabajar. En la tardecita Sharon me llamó para decirme que no había tenido noticias de Carlos y que "no le había avisado todavía", entonces no tenía idea. Le marqué ipsofacto al otro para saber qué pasaba y me contestó parecido: "Pues como no me hablaron, no sabía". Vaya interés de los dos y vaya inicio de fin de semana.

Para variar, organicé el asunto y quedé con Carlos que él pasaría al trabajo de Sharon y de ahí los recogería a los tres (su sobrino iría también). Pero, como para empezar el fin de semana con harta emoción, Carlos se conecta más o menos a la hora a la que tendría que estar saliendo para con Sharon y me avisa que APENAS va a investigar unas cosas que necesita de su cuñada, que no podrán llegar a tiempo y que si podemos pasar por ellos. Yo casi me muero, pues me choca que me cambien los planes a última hora, pero me apuré para poder llegar con Sharon a tiempo y poder ir por ellos temprano, pues todos teníamos cosas que hacer el sabadito.

Llegué con Sharon y todo parecía normal, pero se me olvidó que era viernes, y el Eje 8 sur estaba atascado, y a Sharon se le ocurrió la brillante idea de irnos por el Eje 6, que "estaba vacío".

Hicimos cerca de dos horas.

Cuando llegamos por ellos, ya eran cerca de las 11 y yo estaba histérico, no quería que nos agarraran las prisas y bueno, temprano no era. Pero todo estaban más o menos tranquilos, así que yo también le bajé al estrés para disfrutar la película.

Vimos "La leyenda del Tesoro Perdido", con palomitas y toda la cosa. Mi papá (que no estaba... ¿a las 11 de la noche?) nos había dejado además unos chicharrones con limón y refresco sobre la mesa. Empezamos todos muy decentes sentaditos derechos, y acabamos acostados con cobijas, dos bolsas de palomitas y los chicarrones en la panza, y hasta con la gata en las piernas. Pero con todo, no se quisieron quedar.

Fui a dejarlos y regresé cerca de las 3am. Y mi papá todavía no había regresado.


-Sábado-

Mi papá llegó a las 7:30am. Había estado desde las 9 de la noche con una vecina y "se les fué el tiempo platicando". La verdad es que le creo, pues a ésta vecina le dan las 4 de la mañana platicando todos los fines de semana. Mandé a mi papá a dormir (pues iban a ir él y Arturo a casa de mi abuela) y yo también dormí otro ratito.

Desperté cerca de las 9, y me puse a recoger el desorden de la madrugada. No hubo ensayo, e iba a aprovechar la mañana en irme a cortar el cabello a una estética que mi amiga Gra me había recomendado, hasta Zona Rosa. Salí de la casa cerca de las 12 y ni mi hermano ni mi papá se habían despertado todavía.

Llegué a Zona y con un poco de miedo entré a la estética. O bueno, estética-cafetería-antro: Enrique Bricker evidentemente es una estética, pero todo mundo (señoras copetonas, niñitas fresas, jotas, no jotas, chicas guapas, metrosexuales y demás) tomaba café de Starbucks o platicaba con el de al lado a gritos, pues el ambiente estaba amenizado con música electrónica light como si fuera un barcito tempranero. A decir verdad, me apabulló un poco el ambiente y sentía que no iba a encajar y ya hasta me estaba rajando, pero me vendieron tan bien el lugar y el cambio de imagen que decidí aventurarme a ver qué pasaba.

Me recibieron con un "¿quieres tomar algo?" y estuve a punto de contestar un "no, en realidad venía a la estética, gracias" pero lo reprimí. Me pusieron una batita como de baño pero coquetona (cortita hasta medio muslo) para irme a lavar el cabello, y después me pusieron una toalla en los hombros, acto seguido me indicaron sentarme exactamente en el primer lugar de la estética, a un lado del ventanal que da a la calle.

Entonces ahí estaba yo, con batita, toalla en los hombros y el cabello mojado, a la vista de todos los paseantes, pensando una vez más que quizá no debí haberle hecho caso a mi amiga.

Pero atrás de mí había una cajonera que un chavito de ojos muy bonitos y sonrisa de ésas que derriten estaba usando muy a menudo. Aunque cada vez que él iba me veía y se sonreía conmigo, no me animaba a hacerle la plática, hasta que un ligero empujón de la cajonera nos orilló a empezar a platicar... pero justo en ese momento me pasaron a cortarme el cabello. Mala suerte, quizá en el siguiente corte (si es que vengo de nuevo).

Pasé con una chica muy simpática, que me hizo plática rápidamente y así, entre ella y las sonrisas del otro chico (que me seguía dando vueltas) se fueron rápido los 45 minutos que duré allá adentro. La chica no me hizo mucho caso cuando le pedí un corte "moderno, cortito, pero que me pueda llevar a la oficina" y me hizo un corte de ésos que se usan ahora estilo almohadazo que, sin embargo, no se veía mal. El raro era yo, que soy un poco conservador en las cuestiones de la moda y no acababa de decidir si me gustó o no.

Pero el peinado pasó la prueba. Saliendo de la estética-cafetería-antro, me fuí corriendo a casa de una amiga para celebrar su cumpleaños con una carne asada. Llegó toda la bolita de la Universidad y a la mayoría le gustó el cambio. Sólo a dos chicos no les latió tanto, y uno de ellos jugando me jaló el cabello y me tiró el gel. Fui al baño a ver si podía recuperarlo pero no se dejó: opté por peinarlo para atrás y el cabello se acomodó solito. Parece que esta chica tuvo una muy buena mano para cortármelo. Qué bueno que seguí el consejo de mi amiga.

Ahí estuvimos departiendo alegremente (oséase, tragando como cerdos y riéndonos de todo) hasta la nochecita. Cuando todos se estaban yendo a sus casas para arreglarse e irse al antro que ya tenían planeado desde la semana pasada, yo también empecé a despedirme y a las 8:30 ya estaba en mi casita (vacía, pues mi papá y Arturo se habían ido como a las 5 a casa de mi abuela), recién bañado y decidido a copiar el peinadito de salón, pues la chica muy amable me dio las instrucciones para peinarme en casa.

Nunca pude hacerlo de nuevo.

Desistí y me peiné hacia atrás como de costumbre, y me dediqué el resto de la noche a jugar Kingdom Hearts II hasta que llegaron ellos dos, como a la una de la mañana.


-Domingo-

Nos paramos como a las 11. Me bañé y volví a intentar hacerme el peinado despeinado, pero no me salió de nuevo; aunque ésta vez mejor me peiné de otra manera: con copete-fleco que me hace ver muy nerd, pero más chavito. Como el domingo anterior, íbamos a ir todos a casa de un primo mío para seguir armando un rompecabezas que compramos, pero mi papá se sentía mal (con dos desveladas seguidas y gripa, cómo no) y nada más fuimos mi hermano y yo.
Acompañamos a mi primo Mauricio a dejar unas sillas como a media hora de la casa, y luego pasamos al banco a que él sacara dinero, y yo al Centro de Atención Telcel para revisar unas broncas de mi celular... que nos tomaron cerca de dos horas. ¡DOS HORAS para cambiar dos configuraciones! Por mí no había problema, pero como Carlos me había pedido ir a su casa en la noche temí que no nos fuera a dar tiempo de hacer todo y tenía prisa de salir de ahí.

Cuando al fin pudimos salir, todavía comimos en casa de Mauro y como a las 6 de la tarde AL FIN pudimos continuar con el rompecabezas. Acabé por cancelarle a Carlos por teléfono, pero le prometí llegar a las 10am al siguiente día para ir a desayunar. Con menos pendiente, estábamos armando el rompecabezas muy a gusto cuando le hablaron a Mauro al teléfono y el invitó a un amigo suyo a llegarle a su casa para lo del rompezcabezas.

Andrés, el amigo, es flaquito, risueño, de lentes de pasta y facha desgarbada (sudadera y playera negras, pantalones de mezclilla y tenis Converse de botita) y una voz penetrante de ésas que me gustan a mí, con el plus de un carácter muy amable: De aquí soy, me dije a mí mismo. Pero había que sondear el terreno discreta, sutilmente, sin que Mauricio se sintiera amenazado ni Andrés supiera que yo tenía el modo investigador activado.

Lo primero que supe es que los rompecabezas le aburren. De modo que cambiamos de juego (además, el rompecabezas parece que está incompleto) y empezamos a jugar Jenga, terminando con Dominó cubano. En el transcurso, supe su edad, gusto musical, lugar de residencia, familia, cumpleaños, etc. Y todavía no sabía si podía o no clavar mis fichitas ahí.

Cuando terminamos nuestro partido, salió el peine: Mauricio le había dicho que saldrían a algún otro lado y sólo por eso había venido. Mauro, claro, se hizo ojo de hormiga (se estaba durmiendo), pero entre Arturo y yo empezamos a joder para que se subieran los dos en un coche a la aventura. Mauro se nos quedó viendo con carita de "Ah, que bonitos muchachos", pero salió en un lunes a las 2 am a buscar algún bar abierto.

Como pilón, para avisarle que ya habíamos llegado a la casa, Mauro me dió el número de celular de Andrés porque él ya no tenía pila.

Dicen que si la vida te da limones...


-Lunes-

Como lo prometí, estaba a las 10 de la mañana en casa de Carlos. Me dijo que me veía raro con el corte de cabello pero por la cara que hizo creo que le gustó. Para variar, no tiene capacidad de decisión y me dijo que fuéramos a desayunar a donde yo quisiera. Fuimos a probar suerte a Los Bisquets, pero estaba lleno, y propuso pasar a conocer una plaza nueva que acaban de construir ahí cerca.

Parque Tezontle es una plaza muy grande, con varias marcas de nombres grandotototes, y (sin ofender) quizá es el primer mall en forma del Oriente de la Ciudad. Es del grupo que dirige Parque Delta, imagínense. Pero no había nada abierto, ni el área de comida rápida.

Estuvimos baboseando en las tiendas aún cerradas, y dentro de la plática salió que él había quedado de conocer esa plaza con su actual, y que lo que había pasado conmigo y Parque Delta había quedado saldado con ésta visita fugaz.

Recordarán que hace unos post puse que no había podido ir a conocer Parque Delta con él porque Jesús me lo había ganado. Sin querer, me cobré con la misma moneda, pero en realidad no sentí nada especial... la venganza no es buena y usualmente no va conmigo. Pero me extrañó que él tuviera tan presente el incidente, a casi dos años de haber sucedido. ¿Podría ser que...? No, no quiero ni pensar en ello.

El cumpleaños de su hermana fue el domingo, y coincidió con que pasamos enfrente de un Krispy Kreme con el hecho de que ella quería probar las donas de ahí. Le compramos una docena y nos robamos dos donas para platicar mientras decidíamos (todavía) dónde comer.

Acabamos en el coche platicando de los temas de siempre y algunos nuevos, pero por alguna razón rara, no me puedo quitar de la cabeza (aún hoy jueves) que él estaba nervioso de estar platicando conmigo en el coche. Me levanta el ánimo saber que todavía puedo provocar nerviosismo en las personas, pero no me gusta que precisamente sea ÉL de quien tenga que verlo.

Total, no desayunamos nada. Con la dona fue más que suficiente, y lo regresé a su casa (con todo y la docena que ya no era docena) cerca de la una de la tarde para ir a comer a mi casita.
De regreso, una amiga me mandó un mensaje para saber si íbamos a ir al cine o no. Había quedado con ella desde el jueves, pero como no vi movimiento no pensé que ella se acordara y, a decir verdad, contaba con ese tiempo para poder seguir jugando (lo que, según, haría todo mi fin de semana). Le dije que sí pues hacía mucho que no la veía, pero quedamos después de comer.

Comí en la casa, y con toda la flojera del mundo, llegué al punto de reunión. Violeta está cada vez más flaca, y me dio mucho gusto verla. Pero como si de una maldición se tratara entre todos mis amigos, ella (también) está sufriendo por un chico. Bueno, en su caso, un señor casado que trabaja (junto con la esposa) donde Viole trabaja también.

La he visto mal por amores, pero ésta ocasión la pobre no tenía descripción para su cara: mezcla entre coraje, decepción, depresión, autoflagelación y no se que otras cosas más. No sabía que decirle más que levantarle el ánimo y hacerla reír. Un helado antes de la función y varias bromitas hicieron que el gesto se le fuera borrando de a poquito.

¿Por qué no? Nos metimos a ver "Antes de partir", para sufrir a gusto. Había oido muy buenas críticas de ella (y también que varias personas salieron llorando a moco tendido) y no era la película que yo hubiera elegido para el momento en que Viole está, pero ella la eligió y ni modo.
Que gran película. En serio, maravillosa. Dos grandes actores que no necesitan de alguien más para llenar la pantalla, y una historia que -sí, era verdad- te hace un nudo en la garganta. Yo recordé a mi mamá y si se me salió una lagrimita, pero traté de ser fuerte para Violeta, que (¡maldita sea!) no lloró absolutamente nada.

Pero eso no significa que no se le haya aflojado el cuerpecito, y que para sentirse mejor haya necesitado un gran abrazo. Pobre, en serio, no me gustaría estar en su lugar.

Nos despedimos, y me regresé a la casa como a las 10, a ver si ahora sí me dejaban jugar.Pero en lugar de eso, me puse a ver Atlantis, otra película de mi lista de súperatrasadas que no había visto. Terminé a la 1am, sin sueño, pero tenía que dormir para poder aguantar lo que pintaba para una semana pesada. Y no me equivoqué.

Y pues así fue mi fin de semana de puente, que se suponía era para descansar pero sin temor a equivocarme, estuvo más cansado que una semana normal de trabajo.

PD.- ¿Adivinen quién habló a la casa a las 9:30 de la noche del lunes?


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Oyendo: Record of Lodoss War - Knight's theme